Después de la decisión de la moribunda administración norteamericana del presidente Biden de autorizar los ataques con misiles de largo alcance en el territorio ruso no tardó en llegar la respuesta.
La planta para producción de motores de cohetes ubicada en Dnipro fue alcanzada. En el ataque se utilizó el novedoso misil Oreshnik; los talleres de producción fueron alcanzados por numerosos impactos.
El misil que avanza a una velocidad casi de ciencia ficción porta varias ojivas produciendo gollpes múltiples. En la actualidad no existe armamento capaz de contrarrestarlo.
El presidente Vladimir Putin tras el desafío de la administración norteamericana hizo dos gestos importantes; el primero la aprobación de la nueva doctrina militar rusa que permite el uso de armas nucleares en una guerra convencional cuando la seguridad rusa se ve seriamente amenazada y el segundo el uso en combate del innovador misil Oreshnik.
El ejército ruso está avanzando a una media de 500 km2 mensuales lo que ha debido alarmar al Pentágono más allá del uso de tropas norcoreanas en combate. Posiblemente este punto es lo que ha debido mover a la presidencia Biden a dar un paso tan arriesgado.
Es posible que el mundo esté cada vez más cerca de la III Guerra Mundial aunque la esperanza de la administración Trump parece abrirse camino en vías a una solución negociada en la que Ucrania no tendrá más remedio que ceder el 20% de su territorio y admitir una neutralidad.
